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Natación

El nadador Daniel Ponce finaliza la maratón de 81 kilómetros por el río Ganges en segunda posición

Daniel ponce, segundo en la ‘Bhagirathi River Marathon Swim’ de 2017
José García, .

Hace unos días anunciábamos que Daniel Ponce, nadador lliriano que posee unas grandes cualidades para nadar en aguas abiertas, se iba a enfrentar al desafío deportivo más grande de su vida: la ‘Bhagirathi River Marathon Swim’, una prueba que se disputa en la India (en el río Ganges, uno de los más contaminados del mundo). Su objetivo era vivir la experiencia y dedicarle a una amiga muy especial (recientemente fallecida) todo su empeño en lograr una gran marca.

Poco podía imaginar Daniel Ponce la cantidad de situaciones surrealistas que se iban a acumular en su estancia en este extenso país, ubicado en el sur de Asia. “Ha sido un cúmulo de cosas que te suceden y que no sabes muy bien cómo asimilar. He vivido situaciones de gran emotividad. Estuve a punto de no poder disputar la prueba, y pude ver las condiciones en las que viven y mueren las personas en ese país. La verdad es que ha sido algo indescriptible”.

Calor asfixiante
Daniel Ponce llegaba muy ilusionado a esta prueba: mentalizado, fuerte en el apartado físico y rocoso en la faceta anímica. Con un emotivo recuerdo para su amiga Silvia, fallecida pocos días antes. Preparado para sufrir en el agua y dispuesto a asumir los riesgos que acarrea nadar en el río Ganges… a donde van a parar animales muertos, personas que han sido incineradas… o incluso cadáveres de seres humanos.

El nadador edetano tenía claros los riesgos de infección que corría, al no nadar con su habitual traje de neopreno… pero es que, nada más llegar, Dani descubrió la agobiante sensación de calor que le ha acompañado durante toda su estancia en la India: “Apenas tienes apetito, sólo piensas en beber y beber y seguir bebiendo. Te deshidratas sin hacer prácticamente nada. Y la temperatura del agua era superior a la prevista: yo suelo nadar en aguas a unos 20 grados; me esperaba unos 28-30 grados… y me encontré con aguas a 34 grados. Me daba la sensación de que estaba en una cacerola y me estaban hirviendo”.

“Usted no puede participar”
Ese problema, sin embargo, lo tuvo que afrontar mucho después. Concretamente, cuando Daniel consiguió que le dejaran participar. Porque todos estos meses de dura preparación, y los gastos del viaje (aparte de las ilusiones por competir) estuvieron a punto de irse al retrete… cuando desde la organización se le indicó que no podía participar. “Me hicieron un electrocardiograma con una máquina de la Segunda Guerra Mundial. Y vieron unas lecturas diferentes a las habituales. Yo llevaba mis certificados médicos que avalan mi capacidad para participar en este tipo de competiciones. Pero no había forma: ellos decían que las lecturas eran anormales”.

Esas lecturas ‘anómales’ se deben al tamaño del corazón de Daniel Ponce: “Ellos estaban cerrados en banda. ‘Sus gráficas no coinciden con las de otras personas’. Y yo trataba de explicarles que eso se debe a una hipertrofia en mis ventrículos, pero que eso es normal y que no me podían impedir nadar. Pero no había forma de que lo comprendieran”. Horas después, unos soldados armados se llevaban a Daniel a un hospital…

Ir al hospital, con militares… y  ver a una mujer muerta
Finalmente, unos militares trasladaron a Daniel Ponce a un hospital…. en donde reinaba el caos. Calor sofocante, centenares de personas agolpándose para entrar… y los militares hacen entrar a Daniel. Otro electrocardiograma. Un segundo médico aparece en escena. Entiende qué le dice el nadador lliriano, pero no desea contradecir al galeno que había emitido el primer informe desfavorable. Daniel no se lo puede creer.

Se lo llevan a otro cuarto. Dani intenta tranquilizarse, pero no puede: no sólo está desorientado en un país muy lejano… es que la situación lo está desbordando: a la preocupación de verse fuera de una carrera para la que lleva preparándose desde hace meses se suma el shock de ver a una mujer muerta en un rincón del hospital… o a muchísimos niños desnutridos. Las pulsaciones del lliriano se disparan, y no es para menos.

Llega un tercer médico: nuevo electrocardiograma. El doctor escucha una vez más las explicaciones de Daniel Ponce. Asiente. Le permitirá competir, si accede a hacerlo bajo su responsabilidad. Daniel llora de emoción, porque finalmente alguien entiende su situación. También está sensible, porque ver a esos niños le trae a la mente a Silvia. “Le dije a este médico que pensaba romper el récord, que estaba en torno a las 10:30 horas. Se lo quería dedicar a él, a Silvia y a todos los que me han ayudado estos meses”.

La competición: “Si nado sin parar, no acabo la prueba”
Daniel Ponce nos explica hasta qué punto fue dura la carrera que debió afrontar: “La Federación Internacional de Natación establece que no pueden disputar pruebas de un máximo de 25 kilómetros a más de 31 grados. Nosotros nos esperábamos unos 29 ó 30 grados. Al final fueron 81 kilómetros a 34 grados. Eso suponía que yo no era capaz de bajar mi temperatura corporal… y, como consecuencia, estaba absolutamente exhausto sólo cuando llevaba una hora compitiendo”.

A la tercera hora, Daniel tuvo una crisis: “Estaba literalmente destrozado. Apenas podía nadar: se me disparaba la temperatura del cuerpo y creía que me iba a desvanecer. ¡No me quiero ni imaginar lo que hubiera sido hacer la prueba con un traje de neopreno! Lo cierto es que mantuve la cabeza fría… y analicé la situación: debía controlar al máximo el esfuerzo físico y entendí que, si seguía nadando, no podría acabar la carrera. Debía limitarme a seguir la corriente del río y nadar cuando fuera estrictamente necesario”.

Viento en contra, 11 litros de agua… una vaca y un cadáver
Reduciendo al máximo sus movimientos, Daniel tuvo claro que su sueño de lograr un récord en esta prueba era algo imposible: “No, eso era algo inalcanzable. Sólo podía aspirar a acabarla. Ni la temperatura del agua ni el viento, que hemos tenido en contra, nos facilitaba esa meta. Aparte, no ha habido un diálogo fluido con los acompañantes que me acompañaban en barca. Yo les pedía agua o geles con sales o lo que fuera, y ellos siempre me ofrecían una cosa que nunca coincidía con mis peticiones. Era un poco desquiciante. Obviamente, ellos no lo hacían a propósito… ¡pero yo me estaba mueriendo, en el agua! Durante la prueba bebí 11 litros y en ningún momento oriné”.

El descenso por el río fue otra travesía increíble: “El agua, en efecto, es absolutamente marrón. Y es muy habitual oler hogueras, en donde se queman cadáveres. Es una sensación desagradable. Luego, mientras iba nadando, una vaca se cruzó en mi camino y me llevé un enorme susto; de hecho, el cuerpo se me tensó y sufrí muchas rampas. Poco después, me dijeron los hombres de la embarcación que me desviara un poco. No entendía el porqué, hasta que me dijeron: ‘Es el cadáver de un hombre lo que vas a encontrarte’. Y claro, no lo dudé: a cambiar de dirección, porque no tenía ganas de encontrarme con una persona muerta… la verdad”.

Muy meritorio segundo puesto
Al final, Daniel Ponce se tuvo que ‘conformar’ con un muy meritorio segundo puesto… tras estar casi 11:45 sobre el agua. “Llegué rendido a la línea de meta. En los últimos 19 kilómetros prácticamente me iba arrastrando. José Luis Larrosa fue el vencedor de la prueba, y se lo merece: hizo un carrerón espectacular y me aventajó en muchos minutos. No me puedo ni imaginar la fortaleza física y mental que tuvo para completar la competición tan rápidamente. Yo apenas podía moverme”.

La valoración de este edetano de adopción es positiva: “La experiencia ha sido increíble. He acumulado mucho cansancio y mucha tensión. La India es un país extremo, en el que vives situaciones que te dejan desconcertado. En cuanto a la prueba en sí, es increíblemente dura. Pero regreso a casa muy contento con lo que he vivido: muchas cosas aún deberé procesarlas, porque mientras las vives no eres consciente de tu alcance real. Pero sí guardo muchos recuerdos de las vivencia que se han ido acumulando en este viaje”. Y no es para menos, Daniel. Enhorabuena por tu valentía, tu constancia y tu gran resultado.

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